Visteme despacio.

No soy bueno corriendo. Ni parado tampoco. Cada vez que piso a tope el acelerador inmediatamente surge un “¿ya está?” que certifica la victoria de la velocidad sobre el buen hacer. Es decir, puedo correr mucho, incluso demasiado, pero si quiero asegurar el resultado ese no es el camino. En el instituto me pase un año junto a una persona a quien envidiaba por llevar esta ide a limites insospechados, o por lo menos inesperados. Durante las clases de matemáticas disponiamos de unos minutos para encontrar razonadamente la solución a ciertos problemas. La mente privilegiada que se sentaba a mi derecha era capaz de aislarse del resto del mundo y focalizar sus neuronas en dicha tarea. Tal era la intensidad que normalmente tras haber terminado la clase de matematicas y la de frances, que venía despues, una vez nos encontrabamos ya en medio de la de historia un “¡CLARO!” resonaba en el aula. Aquellas neuronas habían finalmente llegado ellas solitas a la conclusión que nuestra profesora de matematicas nos había destripado dos horas antes. Yo siempre coreaba su logro. Había sido su cabeza pensante la que había encontrado el camino en aquel laberinto de numeros y formulas, pero yo me sentaba a su lado. No podía compartir su capacidad de aislamiento y pensamiento, pero podía celebrarlo con la misma intensidad. Con el paso de los años mi vida académica vio incrementada la frustración de no haber podido recibir ni siquiera osmoticamente aquella virtud. Fue gracias a dos aprendices de criminales haciendo peyas me hicieron ver que la transmision de poderes se habia efectuado con total exito enfocada no en las matematicas sino en el siempre dificil arte de la respuesta inmediata. El encuentro con estos dos mequetrefes, presagio de la cancion de Sabina, ese que canta, fue la entrega de diploma de mi nuevo titulo de Maestro de Respuesta Inmediata a Toro Pasado. Cuanto más tiempo transcurria desde el momento de la necesidad de la respuesta inmediata más monumental, efectiva, churrigeresca e irrecurrible sería esta. Por supuesto, no podía llegarse a ese punto sin una buena dosis de calma, templanza y rumiación mental.

La consecución de este titulo no me supuso desembolso economico alguno lo cual es muy de agradecer puesto que por definición nunca se llegaba a materializar ninguna respuesta, por muy excelesia que esta fueses. De hecho, con los años descubrí que la mejor de ellas y normalmente la mas necesitada era un simple “NO”. También observé que en algunos casos, eso si bastane excasos, la respuesta era autogenerada por la otra parte. Probablemente estos serían ejemplos de personas poseedoras de una virtud similar a la mia mediante la cual podían preveer la respuesta inmediata a toro pasado inmediatamente. Hace unas pocas semanas me dí cuenta de que alguien a quien admiro es portador de tal poder. Fue a los pocos días de celebrarse el World Clean Up Day. Le había invitado a participar en la limpieza de las cunetas de la carretera que une las localidades donde nacieron mis padres. No pudo unirse a nosotros pero le despertó el interés por lo que me preguntó los motivos para hacer aquello. Le expliqué que en 2008 en Estonia se inició un movimiento civil para dedicar un día a limpiar el pais. Algo que cualquier persona podía hacer y que inmediatamente se extendió por todo el planeta. Él asento con la cabeza y volvio a preguntarme cual era el motivo por el que lo haciamos. Ese fue el momento que se merecía una respuesta inmediata. No dije nada. Y él añadió que en España esto no servía para nada. Pensé que tenía razón y cambiamos de tema. Horas más tarde, haciendo uso de mis poderes, inicié el proceso de composición de una respuesta inmediata que, aún estando de acuerdo con él, consideraba que se merecía. No pude. Ya se me había adelantado él, no después de hacerme la pregunta sino en el mismo momento de hacerla. El motivo para dedicar un día a limpiar las cunetas no era solo limpiar las cunetas sino hacer que al menos una persona se plantease por que hacer eso.

Hoy no salgo sin una bolsa de basura en la mochila. Pero despacio, que la naturaleza tiene prisa.

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